I can’t stand the “get excited”

I can’t stand the “get excited”


(Expansión) – Ser hoy empresaria de 50 años o más implicaría socialmente ser exitosa en todos los sentidos. Las exigencias sociales y empresariales intercambian respeto por éxito. Y no es tan fácil. En mi caso considero que he tenido el mayor éxito. Sin embargo, años atrás llegaron tiempos –como dicen ahora para que no suene tan duro- de prueba. Mientras las benditas “pruebas” como sufrir un fraude, el segundo divorcio, la pandemia, liquidación de empleados, entre otras “cosillas” se presentaban, mi éxito levantaba la mano para decirme “bye, bye, a empezar de nuevo como hace 17 años”.

Vi desfilar delante de mí a “amigos” que se marchaban, otros que tendían la mano, clientes que seguían al pie del cañón mientras otros se esfumaban. Pero mi mente, mi espíritu y mi energía no tenían ganas de levantar tanto tiradero. Después de todo, a los 50 muy pocas empresas podrían emplearme, no cumplo los requisitos de edad. Entonces llegó la lucha para sobrevivir. En ese camino la frase más escuchada al pedir ayuda fue “échale ganas”. Como si dependiera de mis ganas levantar lo que en casi dos décadas se había ido al carajo. Me dolía escuchar esa frase que tenía un dejo de culpa. Pero ¿en realidad era mi culpa lo que estaba pasando?, ¿”echarle ganitas” era la solución? ¡Claro que NO! No podía echar al costal de depresión, además, la culpa de la “derrota”. En un momento de reflexión supe que las pérdidas eran en realidad una limpia necesaria, aunque dolorosa. Decidí dejar el pasado en su lugar y empecé a trabajar en mí, en mi fuerza interior y en creer en mí nuevamente; acordarme de los ingredientes con los que empecé mi empresa siendo una mujer joven: ilusión, una computadora conectada a internet, mucho trabajo, muchas llamadas, muchos traslados, pasión… Y entonces me di cuenta que esa era la fórmula, ponerme en acción y empezar de cero, igual que años atrás. A esas alturas, luego de esos tres años, mis sentidos y mi sentir ya sólo se enfocaron en hacer lo que yo sé hacer. Y empezó de nuevo la fiesta. Mis proveedores me tendieron la mano, algunos colaboradores apostaron por apoyarme de nueva cuenta, los clientes comenzaron otra vez a llegar. Mi energía ya no estaba en números rojos, estaba nuevamente motivada. Hoy no busco un lugar en el cuadro de honor. Busco disfrutar mi trabajo un día tras otro, mi familia, mi equipo, mis clientes, mis verdaderos amigos, mis nuevos logros y mi nuevo éxito. Ese éxito que para mí es un elixir de gratitud. Celebro a todos y todas aquellas que algún día tuvieron el valor de empezar de cero porque, en ese re comenzar, el ingrediente incluido es la experiencia. Nota del editor: Sara Cuéllar es empresaria y publirrelacionista especializada en moda, estilo de vida y lujo con 20 años de experiencia. De formación periodista y colaboradora de varios medios nacionales. Síguela en LinkedIn. Las opiniones publicadas de esta columna pertenecen exclusivamente a la autora. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

Read:  Elon Musk buys 10% of Twitter, becomes the main shareholder
]]>